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LA IZQUIERDA PROGRESISTA

Leyes y silencios


Leyes y silencios
LA cosa -ocurre a menudo- está entre la causalidad y la casualidad. Pero, tratándose de un tema lingüístico, y hallándonos en Cataluña, mucho me temo que una vez más será antes lo primero que lo segundo. El caso es que el despido de la escritora Cristina Peri Rossi como colaboradora de un programa de Catalunya Ràdio por no expresarse en catalán ha venido a coincidir con la aprobación en sede parlamentaria de la ley de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals, cuyo artículo 22 reza como sigue: «La llengua institucional per a prestar el servei públic de comunicació audiovisual de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals és el català». Y el caso es que Catalunya Ràdio es precisamente uno de estos medios.
Sin embargo, se equivocaría quien creyera que esta causalidad tiene un orden lógico; a saber, que en Cataluña primero se legisla y luego se aplica la ley. No, en Cataluña, al menos en lo que atañe a la lengua, siempre se ha aplicado primero la ley y luego se ha legislado. ¿Que cómo se hace tal cosa? Pues, muy sencillo: mediante una política de hechos consumados. Se difunden preceptos, se reparten consignas, se interiorizan rutinas -la «Carta de principis per a l´actuació dels mitjans de comunicació de la CCRTV», de 2006, así como el texto «princeps» de 1983, no son sino un compendio de semejantes prácticas-, y poco a poco se va creando una situación anómala, en la que algunos ciudadanos lo son más que otros porque se expresan en una lengua y no en otra. Esa situación, que al principio podría parecer una anomalía, termina por convertirse en algo normal, natural, indiscutible. Sólo entonces surge la ley. Y nadie, o casi nadie, repara en su carácter manifiestamente aberrante.
Es cierto que, para que un tal proceso tenga lugar, la sociedad debe acatar primero otra ley. Una ley no escrita, una suerte de ley del silencio. A grandes rasgos, consiste en callar, en consentir, en otorgar. O, si lo prefieren, consiste en tragar. Que nadie se llame a engaño: lo que una abrumadora mayoría de parlamentarios aprobaron esta semana en el Parlamento catalán -sólo votaron honrosamente en contra PP y Ciutadans- no es únicamente el fruto de la querencia de un largo centenar de diputados, más o menos nacionalistas. Es, sobre todo, el fruto de un cuarto de siglo de silencio cobarde y acomplejado.
El pasado martes «El Mundo» publicaba una entrevista con Cristina Peri Rossi en la que la escritora uruguaya reflexionaba acerca del caso que ella misma, muy a su pesar, está protagonizando estos días. Pues bien, en una de las respuestas, Peri Rossi se excusaba por no hablar catalán en público después de tres décadas de residencia en esta tierra. Y atribuía su actitud a «una cuestión de respeto por la lengua». Mal vamos si una persona a la que le han negado sus derechos como ciudadana se precia de respetar una lengua. Esta es la trampa del nacionalismo, en la que llevamos cayendo, como mínimo, un cuarto de siglo.
Xavier
Pericay
PORQUE HOY ES SÁBADO
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