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LA IZQUIERDA PROGRESISTA

Los huevos de las serpientes

 
 
Roberto L. Blanco Valdés

Por segunda vez en poco más de una semana, radicales independentistas catalanes han quemado fotos de los Reyes (docenas de ellas el sábado pasado) mientras los Mossos d'Esquadra, cumpliendo órdenes superiores, les dejaban hacer sin molestarlos.

¿Es normal? No, no es normal en absoluto que, en presencia de fuerzas policiales, se cometan de un modo flagrante delitos castigados en el Código Penal sin que quien manda políticamente a tales fuerzas se sienta concernido por esas acciones delictivas. Tan no es normal que, de no vivir como vivimos en este ambiente sin límites en el que casi todo puede suceder sin que, al parecer, a nadie le tiemble la pestaña, estaríamos en medio de un escándalo sonoro.

Es bien sabido que, frente a las acciones de los grupos radicales, se han defendido tradicionalmente dos tratamientos diferentes: el que podría denominarse liberal, consistente en dejar hacer, dejar pasar («laissez faire, laissez passer») con la esperanza de que los extremistas se cansen y abandonen; y el profiláctico, que, consciente de los efectos estimulantes de la impunidad, propone todo lo contrario: cortar por lo sano de inmediato, sin dar tiempo a que cuaje como un auténtico problema lo que nace como la acción de cuatro gatos.

Si no tuviésemos el ejemplo vasco tan cercano, siempre cabría discutir si es mejor la tolerancia o el estricto cumplimiento de la ley. Pero, sabiendo cómo ha ido creciendo allí, a base de impunidad y cobardía, la hidra radical de mil cabezas, no parece sensato repetir ahora una experiencia que ha tenido consecuencias desastrosas para la libertad y la seguridad de todos.

Por eso, frente a los huevos que la serpiente independentista radical ha ido repartiendo por suelo catalán, parecen evidentes las dos acciones que tenemos derecho a esperar los ciudadanos. En primer lugar, la de las fuerzas policiales que -¡parece increíble tener que exigirlo!- habrán de hacer lo que justifica su existencia: evitar la comisión de los delitos y perseguir a los delincuentes cuando ya se hayan producido. Y, en segundo lugar, una contundente denuncia de acciones que ningún partido democrático puede compartir, lo que ha de tener una consecuencia ineluctable: que el PSC no puede seguir gobernando con Esquerra si Esquerra se empeña en no condenar las acciones de los grupos extremistas.

Pues que nadie se equivoque. La quema de las fotos de los Reyes no es más que el símbolo de una actitud de fondo que a todos nos resultan conocida: la de los grupos secesionistas radicales que creen que es legítima la violencia para lograr la independencia del territorio en el que actúan. Que les den tiempo e impunidad y verán ustedes en qué acaba todo esto.

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