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LA IZQUIERDA PROGRESISTA

Técnicas de propaganda política

Lázaro Covadlo

Los próximos meses otra vez estaremos sometidos al fragor de la batalla política y tendremos dos opciones: participar en el sarao con todo nuestro ser o pasar por completo, recluyéndonos en el monasterio budista de El Garraf. Bueno, es una idea.

El ruido de fondo tendrá como fuente la propaganda. Es hora de saber diferenciar publicidad de propaganda. La primera consiste, según la tercera acepción de la Academia, en la «divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios, etc.». La segunda (siempre de acuerdo con la Academia) es, en su primera acepción, la «acción o efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer adeptos o compradores». Como podrá verse, no hay gran diferencia entre lo comercial y lo político.

Yo fui publicista, y como buen mercenario del ramo aprendí cómo dirigir los tiros a efectos de llegar a las grandes masas lo suficientemente fertilizadas para recibir y hacer fructificar las propuestas más estúpidas y disparatadas que salían de la imaginación (es un decir) de nuestro equipo creativo. (Lo de «creativo» también es un decir).

Entre otras lindezas, había que convencer a las amas de casa de que la utilización de un determinado aceite de cocina las haría más sexys a los ojos de sus mariditos. La venta del producto aumentó un 120%, lo cual viene a corroborar el acierto de Einstein respecto a la infinita dimensión de la estupidez humana.

Cuando se menciona la propaganda política mucha gente evoca a Maquiavelo; más adecuado sería remitirse al inicuo Goebbels, que sabía cómo intoxicar a las masas y movilizarlas. Revisemos algunos de los principios propagandísticos del nazi y que cada cual juzgue hasta qué punto son aplicados por las distintas formaciones políticas actuales. Por ejemplo, el «Principio de simplificación», consistente en hacer de todos los adversarios un enemigo único, o el «Principio de transposición», que se basa en cargar sobre el adversario los propios errores, respondiendo al ataque con el ataque, e incluye la táctica de inventar malas noticias para distraer la atención del público de las malas noticias verdaderas.

Tenemos por otra parte el «Principio de la vulgarización», que dice que toda propaganda debe ser popular y debe adaptar su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida, pues cuanto mayor sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental que se le destine, teniendo en cuenta que la capacidad receptiva de la población es limitada, su comprensión muy pobre, y muy grande su capacidad para olvidar. También decía Goebbels que la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas, repetirlas y machacar, de ahí viene su famoso axioma: «Si una mentira se repite suficientemente acaba por hacerse verdad».El más inquietante de todos estos «principios» tal vez sea el de «unanimidad»: convencer a mucha gente de que piensa como todo el mundo.

¿Usted como quién piensa?

Cataluña, El Mundo
06 septiembre 2007

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